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Las cicatrices del trauma

abril 1, 2025

«Soy psicólogo de veinticinco años de experiencia y no tengo ni idea de qué hacer». Las desesperanzadas palabras de Yoav resonaron dolorosamente en la atmósfera tensa del Hotel David en Ein Bokek, a orillas del Mar Muerto.

El hotel era un lugar popular para vacaciones familiares y escapadas, pero después de que cientos de terroristas de Hamás invadieran el Kibutz Be’eri el 7 de octubre de 2023, asesinando a 132 hombres, mujeres y niños y secuestrando a 32 residentes, el hotel se convirtió en un centro de refugiados para mil israelíes desplazados de la comunidad.

Mientras volteaba y me alejaba de Yoav, vi a varias mujeres que guiaban a un grupo de niños pequeños por el vestíbulo. Los pequeños se tomaban de la mano con inocencia, sus gritos de euforia desentonaban entre los restos del trauma. Negué con la cabeza, atónito por el hecho de que todos estos niños hubieran sido blanco de la sangrienta agenda de Hamás. Era un milagro que hubieran sobrevivido.

Había pasado el día escuchando las historias de los conmocionados sobrevivientes, vislumbrando la ayuda establecida para atender a los sobrevivientes de la masacre del Kibutz Be’eri, que están atravesando por un trauma. Se ofrecían arteterapia, masajes y otras actividades para iniciar la crucial sanidad que cada uno necesitaba.

Meses después, me encontré en el Centro de Resiliencia de Sderot, donde conocí a un joven soldado llamado Elior. Me enteré de que Elior y su equipo de seguridad habían luchado contra los terroristas de Hamás durante 24 horas sin descanso. Elior y sus combatientes salvaron la comunidad de Zikim, pero presenciaron la masacre de civiles asesinados durante esa desesperada batalla contra los terroristas. Elior declaró sin rodeos: «Sufro de TEPT (trastorno de estrés postraumático). Intento vivir con ello. Vengo aquí porque es bueno hablar de las cosas».

Luego me presentaron a Moshe, rabino y psicólogo infantil. Me dijo que cuando mira a los ojos de un niño que sobrevivió al horror del 7 de octubre, solo ve un agujero negro. «Me dan ganas de llorar», admitió.

Finalmente, conocí a la madre de Amit Mann. Amit era una joven enfermera que había sido voluntaria del Maguén David Adom (servicio de emergencias israelí) en el Kibutz Be’eri. Amit resultó herida durante el ataque de Hamás a la comunidad, pero aun así logró llegar a la clínica dental, donde organizó el triaje de los heridos. La valentía y el coraje de Amit fueron ejemplares, pues continuó atendiendo a sus pacientes con hemorragias hasta que unos terroristas irrumpieron en la clínica y la ejecutaron a sangre fría. La madre de Amit puso la última canción que su hija le había cantado esa mañana antes de que se desatara el infierno. Al terminar la canción, lloró en mis brazos.

Una fuerza y ​​resiliencia increíbles forman parte del ADN de Israel. Sin embargo, sus ciudadanos han soportado décadas de guerra y ataques terroristas, que comenzaron incluso antes del milagroso renacimiento de Israel en 1948. Como resultado, capas de trauma impregnan y dejan cicatrices en sus corazones.

Tras la invasión de Hamás del 7 de octubre, cuando 3,000 terroristas surgieron de Gaza y atacaron las comunidades del sur de Israel, asesinando a más de 1,200 personas e hiriendo a innumerables más, la nación ha experimentado una transformación monumental. Israel ha librado su guerra más larga, con casi 900 soldados caídos en combate contra fuerzas del mal, ya sean Jizbolá en el Líbano o Hamás en Gaza.

Con el acuerdo de “alto al fuego”, los israelíes han tenido que lidiar con la liberación de 2,000 terroristas de sus prisiones a cambio de valiosos rehenes israelíes, vivos o muertos. Los israelíes tuvieron que observar a los rehenes demacrados que desfilaban ante multitudes de gazatíes que los abucheaban en las ceremonias depravadas de Hamás. Imagina la paradoja de sentir ganas de vomitar al ver aquello y, al mismo tiempo, sentir la alegría de ver regresar a tus seres queridos.

Durante más de 500 días, Israel —junto con millones de personas en todo el mundo— había orado y esperado que de alguna manera, los bebés Bibas (Ariel y Kfir) y su madre, Shiri, regresaran con su padre y esposo, Yarden, quien había sido liberado recientemente.

Sin embargo, las lágrimas brotaron al ver los ataúdes negros que contenían sus restos. La ira aumentó cuando sus asesinos los entregaron a la Cruz Roja, solo para descubrir que el ataúd contenía el cuerpo de una mujer gazatí no identificada en lugar del cuerpo de Shiri. La indignación y la desesperación crecieron mientras la pregunta “¿Dónde está Shiri?” inundaba la mente de todos los israelíes. En 24 horas, el cruel y psicológico acto llegó a su fin cuando el cuerpo de Shiri fue devuelto a Israel y se confirmó su identidad.

El pueblo judío no es ajeno al trauma. El Holocausto (1939-1945), cuando la Alemania nazi y sus colaboradores asesinaron a más de seis millones de judíos, fue uno de los episodios más recientes de sufrimiento. El ataque de Hamás del 7 de octubre, junto con la determinación de Irán y sus aliados de aniquilar al único estado judío, ha reavivado este antiguo trauma. El miedo crece entre los judíos de todo el mundo a medida que el antisemitismo se ha disparado. A pesar del apoyo abierto y la oración de millones de cristianos a nivel internacional, el dolor es profundo.

Los voluntarios y el personal de Puentes para la Paz vivimos en Israel y compartimos el dolor y la alegría que experimentan los israelíes. ¡Israel no está solo! Nuestras acciones hablan más que las palabras. Hemos comprado refugios antiaéreos y ambulancias, y hemos proporcionado miles de bolsas de comida y ropa a quienes lo necesitan. Hemos hecho donativos para atención traumatológica, incluyendo una camioneta móvil dedicada en memoria de Amit Mann, para transportar terapeutas capacitados y llegar a los israelíes necesitados. Nuestra labor en Israel ha alcanzado nuevas alturas. Dios ha forjado nuevas relaciones milagrosas a medida que recorremos el difícil camino de la guerra, los ataques con misiles y los desafíos logísticos junto a Israel.

El pueblo de Israel vive porque el Dios de Israel es soberano y está en el trono. Sin embargo, el impacto del trauma ha tocado a cada judío, a algunos más que a otros. La desesperación y el dolor son evidentes. Como organización, nos estamos adaptando para suplir la necesidad de atención a los traumas y hacer brillar el amor de Dios en los corazones afligidos, viviendo la realidad del amor cristiano a un nivel nunca antes visto.

Únete a nosotros para expresar el amor de Cristo mientras servimos al pueblo de Israel; ayuda a que las cicatrices del trauma sean restauradas y sanadas, donando a nuestro fondo ‘Ayuda en Crisis’.

Con shalom,

Rvdo. Peter J. Fast

Presidente Ejecutivo Internacional 

En las palmas de Mis manos, te he grabado; Tus muros están constantemente delante de Mí” (Isaías 49:16).

 

Traducido por Robin Orack – Voluntaria en Puentes para la Paz