Hamás comienza a enfrentar protestas contra su dominio sobre la Franja de Gaza, una posición que ha mantenido desde 2007 (fotografía representativa).
Las protestas que estallan en Gaza, no solo deberían animar a los israelíes sino, a cualquiera que busque la seguridad y la paz en la región. También plantean una pregunta clave: ¿qué dirán ahora quienes afirmaron que no hay inocentes en Gaza —que todos son Hamás, que toda la Franja es responsable del 7 de octubre— mientras se apresuran a compartir videos de palestinos manifestándose contra el gobierno de Hamás?
Sin duda, algunos se apresurarán a explicarlo: esto es precisamente el resultado de la presión militar israelí. Argumentarán que los manifestantes fueron en su día, partidarios de Hamás y que ahora se están distanciando, una señal, dirán, de que los palestinos han asimilado la superioridad de Israel. Ni más ni menos. Ciertamente, algo de eso puede ser cierto. Pero dista mucho de ser la imagen completa.
Documentos militares israelíes muestran, que Hamás había estado falsificando encuestas de opinión en Gaza durante muchos meses, debido a su menguante popularidad. Hubo considerables críticas a su gobierno durante la guerra y antes de ella. Hamás ha reprimido brutalmente la disidencia mediante torturas y ejecuciones. En artículos de opinión anteriores, cité informes de trabajadores humanitarios internacionales en Gaza, que afirmaban: «Cuando los líderes de Hamás salgan de los túneles y terminen la guerra, la gente se volverá contra ellos. El odio hacia ellos, dijeron, es inmenso».
Las protestas que ahora estallan no ocurren en el vacío. Los gazatíes han experimentado recientemente la relativa calma de un largo alto al fuego. Muchos han regresado a sus tierras tras meses, en refugios improvisados. Han visto la destrucción con sus propios ojos. Muchos están cansados de la guerra, y muchos nunca apoyaron a Hamás.
Esto no significa que algunos no hayan colaborado, con acciones o en silencio, con las atrocidades del 7 de octubre. Tampoco significa que se hayan vuelto proisraelíes, especialmente en medio de la devastación generalizada de Gaza. Pero cuando la gente no tiene nada que perder, está dispuesta a salir a las calles llenas de escombros, para denunciar un régimen opresivo, asesino y genocida.
No necesitamos protestas para saber que hay personas inocentes en Gaza. Todo niño es inocente por definición. Pero políticamente, las protestas subrayan un punto crucial: hay seres humanos al otro lado. Hemos escuchado las voces de los líderes comunitarios en Beit Lahia pidiendo un futuro para sus hijos anhelando normalidad y libertad.
Aun así, después del 7 de octubre, debemos abandonar las ilusiones. Gaza alberga fundamentalistas sedientos de sangre, que quieren verlo arder todo. Son ellos quienes nos mantienen como rehenes, encadenados, en lo profundo de los oscuros túneles de la represión y la ignorancia. Estos fanáticos, permanecen en el poder no solo gracias a la fuerza bruta y al control organizativo de Hamás, sino también, gracias a la sumisión de la población. A pesar de toda la valentía demostrada en lugares como Beit Lahia, esto aún no es un levantamiento popular contra Hamás, aunque podría llegar más rápido de lo esperado.
Los gazatíes, a pesar de los rumores, seguirán siendo vecinos de Israel. Algunos hablan de una victoria total, comparándolos con Alemania y Japón después de la Segunda Guerra Mundial. En ambos casos, Estados Unidos ofreció un modelo convincente para una vida diferente, al día siguiente. Invirtió su propio dinero en países derrotados, a pesar de las inmensas pérdidas estadounidenses y los horrores cometidos por esos regímenes.
El Plan Marshall para reconstruir Alemania, fue impopular en Estados Unidos. Los líderes lo implementaron de todos modos, entendiendo que algunas cosas debían hacerse por el bien de la estabilidad regional; la seguridad a largo plazo; y la victoria en la Guerra Fría. La historia no debe ser minada solo en busca de lecciones que justifiquen una guerra interminable, o una campaña de venganza al estilo romano.
El gobierno de Hamás en Gaza debe terminar. Sus líderes deben irse. Las fuerzas armadas construidas por Hamás y otros grupos militantes, deben ser desmanteladas —desmanteladas de verdad, no con una fachada al estilo de Jizbolá—. La guerra puede terminar mañana, si Hamás acepta exiliar a sus líderes y militantes principales, como hizo la OLP en Beirut en 1982, y devolver a todos los rehenes en un solo acuerdo. Ese es el objetivo. Ahí es donde la comunidad internacional debe ejercer presión.
Aunque ese día esté lejano, Israel debe trazar una visión para una realidad diferente, para una estructura de gobierno alternativa, para un futuro de algún tipo. No por el bien de quienes se atrevieron a marchar contra Hamás, sino por nuestro propio futuro aquí.
La victoria requiere la capacidad de prever su proximidad, de aprovechar las grietas a medida que surgen y abrirlas aún más. La guerra no se gana solo con bombas, sino también mediante maniobras políticas. Con valentía y sabiduría, no solo con entusiasmo desmedido.
Si la pelota está en nuestra cancha —y sí, éstas son solo algunas protestas por ahora— debemos tomar la iniciativa.
Y sobre todo, debemos recordar: la acción militar a veces puede ser necesaria, pero no es un fin en sí misma. Quienes no ofrecen una visión para el día después solo ofrecen una guerra interminable. Y la guerra interminable es, a su manera, una forma de derrota.
Publicado en marzo 28, 2025
Fotografía por: DrRandomFactor/wikimedia.com
Fotografía con licencia: Wikimedia
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