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Sabía que este día llegaría

enero 18, 2025

Manifestantes protestan contra el actual acuerdo de rehenes con Hamás, a la entrada de Jerusalén, el 16 de enero de 2025.

Sabía que este día llegaría. Desde que Israel comenzó a liberar prisioneros como medida de “buena voluntad” y a cambio de rehenes, supe que llegaría el momento en que los terroristas con “sangre en las manos” serían liberados.

Como si el resultado de la liberación de prisioneros terroristas en 2011 a cambio de la liberación del soldado israelí Gilad Shalit, que había estado retenido por Hamás durante cinco años, no fuera suficiente advertencia, la próxima ronda de liberaciones será igual de problemática para los israelíes.

Tras el asesinato de mi hija Alisa en un ataque terrorista en 1995 en Kfar Darom, Israel pudo capturar, condenar y sentenciar a cadena perpetua a algunos de los terroristas involucrados en su muerte. Mientras se encuentran hoy en una prisión de máxima seguridad bajo sentencias de cadena perpetua, estoy seguro de que están sonriendo más de lo habitual debido a la posibilidad de que se les incluya en la lista de los prisioneros que pronto serán liberados.

Por supuesto que las familias de los rehenes israelíes están felices por la idea de reunirse con sus seres queridos que han estado cautivos durante más de un año, en condiciones indescriptibles bajo tierra en Gaza. También yo me siento muy contento de que las familias se reúnan, pero mi alegría se ve atenuada al saber que terroristas serán liberados para cometer atrocidades nuevamente.

Esta no es mi primera experiencia al asimilar la determinación de Israel de liberar prisioneros. Dos veces antes, en los últimos 25 años, mientras se llevaban a cabo liberaciones de prisioneros, busqué ansiosamente la lista de dichos prisioneros. Y cuando lo conseguí, revisé cuidadosamente la lista de nombres árabes transliterados al hebreo buscando los nombres Nidal Moustafa Bouri, Ahmed Douad Abu Dachi, Maram Ibrahim Salameh y Al-Halim Saheb Omar Balbasi, cada uno de los cuales cumplía cadena perpetua por el bombardeo a Kfar Darom. A diferencia de Estados Unidos, Israel no aplica la pena de muerte a terroristas.

Hay buenas razones para no liberar a los terroristas condenados. Si bien esas decisiones suelen estar motivadas por consideraciones diplomáticas, de seguridad o humanitarias, conllevan importantes riesgos e implicaciones negativas. El acuerdo actual para liberar prisioneros es perjudicial para Israel y, a largo plazo, para la sociedad occidental por varias razones.

La liberación de prisioneros disminuye la firmeza de Israel contra el terrorismo. Si la política de Israel de imponer duras consecuencias a quienes cometen actos de terrorismo para disuadir a posibles atacantes, entonces liberar a esos prisioneros socava este objetivo, indicando a sus enemigos que incluso los responsables de la muerte de ciudadanos inocentes pueden eventualmente ser liberados. La percepción de pagar consecuencias es debilitada.

La liberación de terroristas alienta a grupos como Hamás y la Yihad Islámica Palestina a cometer ataques terroristas, creyendo que el precio de sus acciones tal vez no sea el encarcelamiento permanente. Cuando los prisioneros con las manos manchadas de sangre son liberados, las organizaciones terroristas lo celebran como una victoria. Presentan tales liberaciones como evidencia de su fuerza y capacidad para presionar a Israel. Las celebraciones públicas, los desfiles y la glorificación de los prisioneros liberados no sólo elevan la moral de estas organizaciones sino que también fortalecen su posición entre sus seguidores. Esto puede conducir a un aumento del reclutamiento, la recaudación de fondos y la actividad operativa, aumentando así las amenazas a la seguridad israelí.

La liberación de prisioneros, en particular de los condenados por asesinato, puede erosionar la confianza del público en el gobierno y el sistema judicial, ya que se considera que socava el Estado de derecho. Muchos israelíes sienten que esas decisiones traicionan la memoria de las víctimas y los principios de justicia. Las víctimas y las familias de las víctimas a menudo llevan cicatrices de por vida —tanto físicas como emocionales—. La indignación y la angustia son palpables. Sentimos que el sufrimiento de ellos y de sus seres queridos ha sido dejado de lado por conveniencia política.

Quizás la consecuencia más peligrosa de liberar a prisioneros con las manos manchadas de sangre es el potencial de incentivar los secuestros y la toma de rehenes. Históricamente, las organizaciones terroristas han utilizado a los cautivos israelíes como palanca para negociar la liberación de prisioneros. Por ejemplo, el intercambio de más de 1,000 prisioneros, muchos de ellos con las manos manchadas de sangre, por Shalit en 2011 sentó el precedente de que tales tácticas pueden producir resultados significativos.

Un ejemplo: Yahya Sinwar, el orquestador de los ataques del 7 de octubre y sus consecuencias, cumplía múltiples cadenas perpetuas por orquestar los asesinatos de israelíes y palestinos acusados de colaborar con Israel. Liberado en el intercambio de prisioneros de Shalit, ascendió a una posición de liderazgo dentro de Hamás, convirtiéndose en su líder de facto en Gaza hasta que fue asesinado por las Fuerzas de Defensa de Israel el año pasado.

Como escribió el año pasado David M. Weinberg, investigador principal y director del Instituto Misgav para la Seguridad Nacional y la Estrategia Sionista, con sede en Jerusalén: “El peligro de la liberación masiva de terroristas palestinos es claro. Un acuerdo que libera a crueles asesinos de judíos israelíes… a cambio de inocentes rehenes maltratados, pone en peligro aún más vidas israelíes en el futuro, y ese futuro no es muy lejano”.

 

Traducido por Raquel González – Coordinadora Centro de Recursos Hispanos

 

Publicado en enero 18, 2025

Fuente: Un artículo por Stephen M. Flatow, originalmente publicado por Jewish News Syndicate el 16 de enero de 2025. (El vocabulario respecto al tiempo ha sido modificado para reflejarse en nuestra publicación del día de hoy). Puedes ver el artículo original en este link.

Fotografía por: Chaim Goldberg/Flash90/jns.org