Un uniforme del campo de concentración de Auschwitz exhibido en el Campo de Milles, un centro de internamiento y deportación durante la Segunda Guerra Mundial.
En los 20 años transcurridos desde que se creó el ‘Día Internacional de Conmemoración del Holocausto’, mediante una votación en la Asamblea General de la ONU en 2005, este día se ha convertido en un elemento básico del calendario de la comunidad mundial. Incluso, ha sido adoptado por el mundo judío organizado, que siempre está ansioso por la aceptación de las instituciones establecidas. Este día se estableció a pesar de que el mundo judío, ya reconocía su propio día del Holocausto —Yom Hashoá— que se celebra en primavera una semana antes de los días de conmemoración y de la independencia de Israel. Hoy, más de 15 meses después del 7 de octubre de 2023, es hora de reevaluar esa decisión de la ONU.
¿Por qué? ¿No deberíamos fomentar más programas de conmemoración y educación sobre el Holocausto? ¿Acaso la creación de un día designado por el mundo para recordar la matanza de 6 millones de judíos no le da a este evento el reconocimiento que merece, además de hacer menos probable que se repita dicho horror de la Shoá [“una catástrofe” o “una ruina” en hebreo]?
Palabras vacías…
Los líderes de la misma comunidad internacional que reaccionó con indiferencia, ante el asesinato en masa y las atrocidades cometidas contra los judíos durante la infiltración fronteriza, y asalto asesino por parte de terroristas de Hamás el 7 de octubre de 2023, se alinearán obedientemente el 27 de enero, para participar en estas conmemoraciones. Mencionarán lo horrible que fue el Holocausto. Algunos de ellos utilizarán el conocido estribillo de “nunca más”. Al hacerlo, se considerarán el tipo de personas responsables, compasivas y de espíritu generoso, que merecen no sólo controlar instituciones internacionales poderosas como las Naciones Unidas y sus múltiples agencias, sino también decirnos al resto de nosotros cómo pensar y vivir.
Este es sólo otro ejemplo más de cómo a gran parte del mundo le gustan los judíos muertos, pero es absolutamente intolerante con los vivos, que están dispuestos a luchar por sus derechos y su existencia.
Como prueba de ello en muchas de estas ceremonias, no se dirá una palabra sobre los nazis de nuestros días, que continúan deseando cumplir con el objetivo de Adolf Hitler: el genocidio de los judíos. Y con esto, no me refiero a los odiosos, aunque pequeños, aislados y políticamente impotentes neonazis, que habitan en los pantanos febriles de la extrema derecha dentro de las sociedades occidentales.
¡No¡ me refiero a Hamás y otros grupos terroristas islámicos que tienen como objetivo, la destrucción del único estado judío en el planeta y el genocidio de los más de 7 millones de judíos que viven allí. Las acciones de Hamas el 7 de octubre fueron parte de un intento, de hacer realidad ese objetivo genocida.
Pero en lugar de ser acciones aisladas, son acciones reforzadas por un poderoso movimiento antisionista internacional y cuentan con un amplio apoyo. Ese movimiento está profundamente integrado en las mismas instituciones, como las Naciones Unidas; que utilizan el 27 de enero —fecha de la liberación del campo de concentración de Auschwitz en 1945— para realizar sus ceremonias sobre el Holocausto, que parecieran más ser una burla de la memoria de las víctimas y de la lucha contra el antisemitismo.
Se trata del mismo movimiento internacional que ha pasado los últimos 15 meses fomentando el odio hacia los judíos e Israel. Más aún, con la ayuda de una pequeña minoría de judíos que están alejados de todo sentido de pueblo judío, o de su fe ancestral, han intentado dar vuelta al guión del Holocausto para presentar falsamente, la guerra de autodefensa de Israel contra Hamas como un “genocidio” a los palestinos, en la Franja de Gaza.
Adoctrinados en las falsas doctrinas izquierdistas, de la teoría crítica de la raza y la interseccionalidad, han acusado a Israel de ser un estado “colonialista” y de “apartheid”. En su opinión se deduce lógicamente, que todos los judíos e israelíes son culpables de ser “blancos” opresores, a los que hay que despojar del poder. Pero en contra de ellos, estos intelectuales supuestamente ilustrados nos dicen que toda forma de “resistencia”, como la orgía bárbara de asesinatos, violaciones, torturas, secuestros y destrucción gratuita, que tuvo lugar la mañana del 7 de octubre; no sólo es justificable sino loable.
El 7 de octubre lo cambió todo
Antes de la guerra existencial de Israel que comenzó en ese ‘Shabat Negro’, podría haber sido posible presentar un argumento coherente a favor de cooperar con las ceremonias del 27 de enero, y usarlas como una forma de promoción de conciencia sobre el antisemitismo global. Pero estas conmemoraciones no están ayudando a educar al mundo sobre ¿a dónde conduce la tolerancia del odio a los judíos? Por el contrario, ahora debe reconocerse que su propósito principal es, proporcionar cobertura a quienes desean hacer una distinción entre la matanza masiva de judíos en el siglo pasado, y quienes intentan hacerlo en el presente.
En las ocho décadas transcurridas desde el Holocausto, la creciente tendencia hacia la universalización del Holocausto se ha salido de control. Los académicos, las organizaciones autodenominadas de “derechos humanos” y otros ansiosos por hacer uso del sufrimiento histórico del pueblo judío, para sus propios fines, se han apoderado de la campaña nazi para exterminar a los judíos, como una metáfora multiuso para lo que consideran un mal comportamiento.
Aquellos que promueven esa universalización, afirman que lo hacen por buenas intenciones. Quieren utilizar el Holocausto como ejemplo de cómo combatir el odio, para no aislarlo como un acontecimiento histórico distinto, que no se puede aplicar como lección a otros conflictos. Al hacerlo, deliberadamente malinterpretan la naturaleza del antisemitismo. No se trata de una intolerancia o una actitud desagradable dirigida a personas que tienen creencias diferentes, sino de odio, acompañado de un programa político empleado para empoderar a quienes desprecian a los judíos. Existen otros ejemplos de genocidio real, como las matanzas en masa en Camboya en la década de 1970, por parte de los comunistas o la matanza de la tribu tutsi por parte de los hutus de Ruanda —e incluso una que ahora se está perpetrando contra los musulmanes uigures en China— pero estos tienden a quedar en el camino de los debates contemporáneos sobre el tema.
Sin embargo, el Holocausto es único. Fue la culminación de 2,000 años de antisemitismo, un virus de odio que, lamentablemente, no se extinguió cuando los aliados entraron en los campos de exterminio y luego derrotaron a los nazis alemanes y a sus colaboradores. Sigue vivo en grupos como Hamás y Jizbolá, y en todos aquellos que repiten sus objetivos genocidas, en los campus universitarios estadounidenses con cánticos como “del río al mar” y “globalizar la intifada”.
Los antisemitas contemporáneos no se limitan a calumniar a los judíos y difundir mentiras sobre sus acciones e intenciones, como las que se dicen sobre Israel. Buscan deslegitimar a los judíos de maneras que no son muy diferentes a las de los nazis, que predicaban sobre una poderosa camarilla judía que participaba en conspiraciones para socavar y dañar a los no judíos.
Por eso Israel es objeto de tanto odio y de un movimiento mundial que no sólo trata sus supuestos delitos como los peores del planeta, sino también como una entidad singularmente malvada. También afirman, que los judíos “utilizan como arma el antisemitismo” erróneamente e incluso el Holocausto, para atraer simpatía y encubrir sus crímenes. Ésa es exactamente la clase de táctica que utilizaron los ideólogos nazis para justificar sus acciones.
Después del 7 de octubre, el intento de hacer una distinción entre la actual guerra contra Israel y los judíos, y lo que ocurrió durante el Holocausto, no sólo es obsoleto sino intelectual y moralmente fallido.
Haciendo más daño que bien
Basta con decir que cualquier conmemoración de la ‘Shoá’ cuando sea que se celebre, debe tener en cuenta el hecho, de que Israel está librando actualmente una guerra existencial que evitará otro Holocausto. Cualquier evento que pretenda conmemorar a los 6 millones de hombres, mujeres y niños asesinados, y la lucha contra los nazis, sin mencionar la actual guerra, es un fraude.
Al igual que otras formas de educación sobre el Holocausto, que universalizan el recuerdo del esfuerzo de la Alemania nazi por exterminar a los judíos, este Día Internacional de Conmemoración del Holocausto puede estar haciendo ahora más daño que bien.
Las Naciones Unidas es una institución que en mucho ha sido un pozo negro de antisemitismo durante décadas. Pero ahora, estamos en un punto en el que sus agencias como la UNRWA [Agencia de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina] no sólo han ayudado a perpetuar la guerra contra Israel, sino que han permitido que sus empleados participen en las atrocidades del 7 de octubre y que sus instalaciones se utilicen para encarcelar a rehenes israelíes.
No se puede estar en contra de los nazis y al mismo tiempo, ser moralmente neutral respecto de Hamás y la guerra contra Israel y los judíos. Cualquiera que intente jugar ese juego, debería ser expuesto como aliado de quienes buscan el genocidio judío o uno de sus útiles idiotas. Debería haber tolerancia cero para las conmemoraciones del Holocausto que no reconozcan, que una guerra genocida continúa en nuestros días, y que quienes acusan falsamente a Israel de genocidio para justificar esa guerra, no tienen lugar en esas ceremonias.
Publicado en enero 28, 2025
Fotografía por: Miguel Medina/AFP via Getty Images/jns.org
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